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Diclaimer: Naruto no es de mi propiedad.
Advertencias: Ooc, probablemente.
Personajes/Parejas: Shino x Ino.
Cuando dicen que Shino es extraño, hay que darles la razón. Al menos, así piensa Ino cuando entra una tarde a su florería y se queda un buen rato observando las flores.
—Buenas. —Él le devuelve el saludo con un gesto vago de la mano y sigue apreciando las margaritas, ella lo observa un poco antes de desviar su atención. A pesar que en verdad quisiera seguir viéndole, al menos para entretenerse.
Ese día ha estado flojo y muy pocas personas han entrado a la tienda. Ino está aburrida y tal vez sea por eso que ahora Shino le parezca alguien interesante, cuando siempre lo ha encontrado extraño con sus bichos y su forma de ser; hasta Chouji es más normal. A pesar de que intenta concentrarse en la máquina registradora, las cuentas, su manicura, esa rosa que el tonto de Naruto insiste en colocarla en su cabeza… a pesar de que busca cualquier excusa para no mirarle, lo hace. Es inevitable.
Shino lo hace todo con movimientos lentos; pausados. Se toma su tiempo en dar un paso; mira detalladamente las flores y después de eso alarga el brazo y palpa con sus dedos los dulces pétalos. Como si disfrutara en esa parsimonia. Se detiene especialmente cada vez que encuentra un movimiento extraño en alguna flor, tal vez porque encontró un bicho o él deposita uno allí (e Ino se olvida de reñirlo, porque está extasiada de esos lentes oscuros, preguntándose cómo será mirar a través de ellos, a través de Shino). Es embelesamiento, aunque nunca vaya a admitirlo. Por eso es que se queda quieta cuando Shino comienza a dirigirse hacia ella y acerca su rostro hasta su cuello, oliéndola. Haciéndole soltar un largo suspiro a cada exhalación.
Cierra los ojos y es allí cuando asimila la situación. Ella y Shino, juntos, demasiado cerca y en una posición demasiado extraña como para permitirse estar así por más tiempo.
—¿Qué se supone que haces? —Ino lo aleja, colocando una mano en el ancho abrigo que siempre carga encima.
—Sólo quería saber de dónde provenía ese aroma que me atrajo a la tienda —le explicó Shino—. Y qué sorpresa, porque proviene de ti. —Ino no se sonroja, no. Sólo es una vergüenza lógica que no quiere decir que se sienta halagada o que el comentario la ponga nerviosa. No.
Ino considera que Shino es extrañísimo, pero aquella vez, se pregunta si la extraña no habrá sido ella por dejarse llevar por el momento y esos labios que piden comprobar que el aroma proviene de ella otra vez.