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Anime/Manga » Macross Frontier » Adicta font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Alega Dathe
Fiction Rated: K - Spanish - Humor - Michael & Sheryl - Reviews: 2 - Published: 09-03-08 - Updated: 09-03-08 - Complete - id:4516756

Diclaimer: Macross Frontier no es de mi propiedad.

Advertencias: Spoilers del capítulo 12, creo

Personajes/Parejas: Michael, Sheryl. Insinuación Michael x Klan y Ranka x Alto x Sheryl.

Notas: No estoy muy segura del IC de todos, podría pecar un poquito con el ooc. No había podido escribir nada en varios días y esto fue lo mejor que me salió, tal vez necesitaba manejar un personaje nuevo y un fandom diferente al acostumbrado xD


Michael creía que había metido la pata en un agujero hondo y de enormes proporciones. Cuando Sheryl se enterara que había abierto la boca para hablar de más, su sufrimiento sería el doble que el resultar herido en batalla. Se acostó en la cama, tirando el celular bien lejos, hasta golpear la cabecera opuesta. No se atrevía a contestarlo en caso de cualquier llamada, porque incluso en los números conocidos podía esconderse aquél demonio.

Como si con el pensamiento la hubiera invocado, el celular comenzó a sonar con una melodía alegre, nada acorde con el momento. Se hizo nota mental de buscar una tonada que fuera adecuada para todo tipo de situación. Con bastantes ganas de hacer oídos sordos, se acercó al teléfono y lo tomó entre sus manos. Vio el número en pantalla y se alegró ya que no era ningún conocido importante, sino de la chica a la que se había ligado hacía una semana atrás. Estaba seguro de recordar su nombre: Emily. Y era bajita y apariencia infantil y había originado todo un estallido de celos en Klan. Atendió.

—¿Aló? —En efecto, era ella. Después de saludarse y asegurarle que no la había olvidado y que había pensando en llamarla antes de que ella lo hiciera (algo que Emily no se creyó en lo absoluto, pero lo dejó pasar), hablaron de cosas intranscendentes antes de acordar una nueva cita.

Sus amigos decían que sus amoríos eran como una enfermedad compulsiva, nada más lejos de la verdad. Además, ¿qué podía reñirle Alto si, al igual que él, con su indecisión hería a dos personas importantes?

Michael tiró otra vez el celular y su mente volvió a horas antes; el temor que había desaparecido al hablar con Emily reapareció igual de fuerte. Al parecer, su cuerpo no iba a olvidar su torpeza.

—¿Qué quieres decir con enferma? —exclamó Alto, tomándolo del cuello de la camisa rudamente. Ranka soltó un sollozo, antes de rogarle con la mirada que respondiera.

Debió haberse negado o haber fingido demencia. ¡Incluso inventar otra mentira! Él era bueno dando excusas, lo hacía todo el tiempo con sus conquistas. Día y noche, toda la semana, todo un mes, todo un año… No debió seguir hablando.

—¿Pastillas? —Ranka ahogó otro sollozo, horrorizada—. ¡Sheryl no puede estar…! ¡Ella es fuerte, siempre lo ha sido!

—Michael, ¿por qué lo ocultaste todo el tiempo? —le reprendió Alto—. ¡Esto es grave, joder!

—Alto… —Ranka pareció querer decirle algo, pero al final se arrepintió y bajó la cabeza, quedándose callada.

Lo siguiente que hicieron Alto y Ranka fue buscar a Sheryl, y en cambio Michael fue a encerrarse en la habitación. Instinto de supervivencia, le decían. Esperaba que su escondite fuera lo suficientemente seguro para permitirle estar a salvo antes de su cita de las ocho (la chica era una morena alta y bien proporcionada, imposible dejarla plantada incluso aunque se estuviera muriendo).

De repente, la puerta fue golpeada varias veces.

—¡Imbécil, te dije que guardaras el secreto, pero no te dije que inventaras cosas! ¿Cómo fue que se te ocurrió decirle a esos dos que soy una adicta a los antidepresivos?

La voz de Sheryl le anticipaba que, aparte del futuro dolor, no llegaría presentable para su cita.



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