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Diclaimer: Gundam 00 no es de mi propiedad.
Advertencia: Yuri, spoilers del capítulo 18 y el final de la serie.
Pareja: Regene x Louise
Beta: Kmiya
Tenía las alas rotas. Cuando la vio por primera vez, en eso pensó. No se parecía a la gente que a menudo pasaba ante sus ojos; ella destacaba como una triste doncella de oro. Sólo que ya no había rastros de su riqueza y tan sólo quedaban escombros de su hermosura.
La siguió observando las siguientes veces, cada uno de sus movimientos y gestos. Su cara apagada, sus ojos azules hundidos, pálida como el mármol; el cabello largo, seco y caído, la imperturbable expresión de desesperación disimulada con calculada frialdad y una que otra sonrisa forzada.
No sólo las alas. El ángel estaba roto por dentro, y ella quería averiguar el motivo. Pudo haberlo hecho de un modo fácil e ilícito, pero no le apetecía entrar a la red para buscar información; lo hizo de la forma antigua con la que se aprovechaba de su hermano igual en cuerpo y alma.
La abordó, comenzó a coquetearle sutilmente y poco a poco (“humana tenía que ser”) fue aumentando el tiempo de convivencia. Regene no dedicaba todo su día a ella, apenas y una hora, pero la aprovechaba al máximo. Después de todo, no iba a malgastar todo su tiempo en un capricho. Hasta que por fin llegó el momento justo para formular la pregunta adecuada y cuando la chica rubia se dio cuenta de lo que ocurría, ya tenía una botella de vino destapada y dos copas servidas y ella –supo Regene, guiándose por su gesto– sin ninguna intención de rechazarla y largarse a casa.
La bebida le aflojó la lengua y las lágrimas. Le contó parte de su vida. La anterior vida de Louise Halevy, de cómo era ahora y la incertidumbre que sentía al no poder acoplarse a la vida cotidiana. No cuando ya no pertenecía allí, no cuando quería hacer algo para evitar que siguieran ocurriendo sucesos que la marcaron para siempre. No quería más vidas truncadas. Dentro de sí se despertaba una llameante rebeldía, agitándose cada vez que presenciaba un acto de terrorismo o un nuevo enfrentamiento bélico, avivándose por cada día que pasaba. Y era allí, cuando el estado de hundimiento interno que la acompañaba continuamente desaparecía.
Regene había tenido intención de llevársela a la cama y probar a su chica de alas rotas, pero tras la confesión, ese deseo se esfumó al tiempo que nacía una determinación. No se había equivocado.
—Eres como un ángel caído —le comentó y luego le dedicó una sonrisa tranquilizadora para calmar la incomprensión de Louise—. Te confiaré un secreto ya que tú me has revelado el tuyo, pero deberás jurarme eterno silencio o si no… —Ella esperó a que terminara, verdaderamente interesada—… la intervención no funcionará.
Y con estas palabras, inició la incorporación de una nueva miembro a sus tropas celestiales.
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