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Books » Harry Potter » Tú no eres Harry font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Alega Dathe
Fiction Rated: K+ - Spanish - Romance/Humor - Cho C. & Ginny W. - Reviews: 9 - Published: 08-25-08 - Updated: 08-25-08 - Complete - id:4499730

Diclaimer: Harry Potter no es de nuestra propiedad.

Advertencia: Yuri, contenido hetero, lime, desnudamientos, besos con y sin poción multijugos.

Agradecimientos: A Kmiya y a Yuki-dono por betear partes del capítulo dos, gracias por tomarse un tiempo, chicas :)

Pareja: Cho/Ginny, algo de Cho/Harry.

Dedicatoria: A nosotras, la licentia poetica, que trabajó duro esta semana para llegar hasta el final del bragathon y así, al menos, conseguir vengarse de las dulces administradoras de la comunidad livejournal, circe’s panties. Nos lo merecemos :D

Nota de autoras: En memoria del hermoso dedito de Suiris, que fue aplastado por un cajón durante la redacción de este fanfic.

Tú no eres Harry

Capitulo I: De los celos al amor By Suiris

En alguna parte del mundo, una parejita follaba y Ginny Weasley —niña pelirroja y alumna de cuarto año del colegio Hogwarts de magia y hechicería— rogaba a Merlín porque no fueran Harry Potter y Cho Chang. La chica, muerta por los celos, no podía dejar de pensar que en alguna parte del mundo alguien nacía, alguien moría y obviamente, para que alguien pudiera nacer dentro de nueve meses había una pareja que tenía que estar follando, sólo esperaba que no fueran Harry y Cho.

En la sala común de Gryffindor reinaba el barullo de después de clases: algunos alumnos entrando y saliendo, chicos haciendo sus tareas o matando lentamente el tiempo en conversaciones, juegos de ajedrez y banalidades que, en aquel momento, le importaban en lo más mínimo a la menor del clan Weasley.

Todo era vitalidad y jovialidad, menos para Ginny, que sentada en un pequeño sillón, fingía prestar atención a una conversación cercana sin perder de vista la puerta de entrada ¿Qué pasaba que Harry no regresaba? se preguntaba, sintiendo la ansiedad crecer en su interior cada vez que la puerta se abría para permitirle el paso a otra persona sin importancia para ella. Se mordió el labio inferior con nerviosismo, preguntándose cuánto más tardaría Harry en regresar, y qué estaría haciendo. Suspiró y se recostó contra el respaldo del sillón, no podía seguir así; preocupándose siempre por Harry, sin poder dormir, teniendo siempre la cabeza llena de imágenes de lo más pornográficas con las cosas que podía estar haciendo Harry con Cho ¡Iba a terminar volviéndose loca!

—¿Ginny, estás con nosotras?—preguntó una de sus compañeras de curso con la cual supuestamente estaba “dialogando”.

—Claro, simplemente estaba pensando en…—Por suerte para Ginny, antes de que tuviera que buscar una excusa o justificación para estar en las nubes, la puerta se abrió, dando paso a las dos terceras partes del trío dorado: pero seguía faltando Harry. Rápidamente, Ginny se disculpó con sus amigas y se dirigió a donde estaban Ron y Hermione, que parecían pelear. Sin preocuparse por si interrumpía, solo se metió en la conversación—. ¿Dónde está Harry?

Ron gruñó algo que sonó como un: “Hola para ti también” e intentó ignorarla, pero Ginny repitió su pregunta y obtuvo la atención de Hermione.

—Creo que estaba con Cho— dijo la castaña arrepintiéndose casi enseguida de sus palabras por la expresión que puso Ginny— ¿Necesitas hablar con él?— preguntó, intentando suavizar su tono de voz, preocupada porque Ginny había estado actuando muy extraña últimamente.

—Sí…, digo no… Digo ¿cuándo crees que regrese?

Hermione sonrió con indulgencia, de esa forma tan condescendiente que ponía los nervios de cualquiera de punta y le preguntó si quería que se fueran a hablar a algún lugar más privado.

—¡Perfecto! ¡Olvídate de que estabas hablando conmigo! —protestó Ron, dirigiéndose hacia las habitaciones de los chicos a grandes zancadas. Hermione lo miró con furia mal disimulada. Y Ginny se preguntó qué clase de consejos amorosos podía dar Hermione, sientiendo que ni siquiera podía manejar su inexistente relación con su hermano. Igualmente, estaba desesperada, tomaría lo que le diera.

—¿Qué pasó con mi hermano? —preguntó Ginny, más por cortesía que porque realmente le importara.

Hermione hizo un gesto que quería decir claramente que ya lo arreglaría más tarde y cogiendo cariñosamente a Ginny de la mano, la arrastró hasta uno de los sofás más alejados obligándola a sentarse junto a ella:

—Eso no importa. Dime qué te pasa —pidió. Ginny dudó si contarle o no sobre sus inquietudes, pero estaba desesperada y no tenía a quien más recurrir. Tomó aire antes de comenzar a soltar todo.

—Pasa que creo que estoy celosa como una perra, Hermione —no podía callarse por más tiempo, aún cuando sabía que una vez que confesara lo que le pasaba en voz alta ya no habría vuelta atrás—. Odio ver cómo están todo el día juntos, sin saber que andarán haciendo, si estarán besándose... o si incluso…

Hermione la interrumpió al preguntar, con voz conciliadora, la pregunta más obvia del mundo.

—¿Estás celosa porque Harry y Cho están saliendo?

—No, por Stubbt Boardman y Celestina Warbeck, ¿por quién voy a estar celosa sino?—bufó Ginny, apenas si mordiéndose la lengua para no levantar la voz más de lo necesario. Hermione contuvo los deseos de poner los ojos en blanco, pero Ginny continuó hablando, rozando descaradamente la histeria— Pero es que ¡no puedo evitarlo! Me persiguen incluso en sueños, los veo por todas partes juntos y no puedo soportarlo. Si hasta lo tengo pintado en la cara, mírame, Hermione, mírame; si me pongo más verde de envidia pareceré una Slytherin.

—No creo que sea para tan…

—¿Cómo no va a ser para tanto si no hago más que pensar en ello?— preguntó Ginny, con voz realmente dolida y Hermione sintió lastima por su amiga, le pasó un brazo por los hombros para reconfortarla.

—Vamos, quiero que dejes de hablar de ese modo. Si tanto te importa Harry, entonces no debes rendirte.

Ginny guardó silencio, bajando la mirada y posiblemente con las mejillas más rojas de vergüenza que verdes de envidia, pero dejó que Hermione siguiera hablando sin sacarla de su error.

—Tú no eres de las que se dan por vencida, Ginny. ¿Por qué en vez de estarte lamentando no buscas algo que puedas hacer por llamar su atención?

Ginny intentó no lucir nerviosa, pero lo estaba. ¿Cómo le explicaba a Hermione que no estaba celosa por Harry sino que estaba celosa de Harry?

—Estoy jodida…—murmuró, poniendo en palabras sus pensamientos.

—No, no lo estás. Solo tienes que plantearte una meta e ir por ella —Hermione la acercó más en el abrazo, acariciándole un poco la espalda. Siempre había considerado a Ginny como una hermanita menor y se preocupaba al verla en ese estado. Ginny la miró, agradeciendo internamente de que Hermione estuviera (quizás por primera vez en su vida) bastante lejos de adivinar la verdad—, decidir qué es lo que quieres, debes pensar como Harry para tratar de entenderlo.

¿Pensar como Harry? Días después, cuando Ginny pasara de la completa desesperación a la determinación de que tenía que hacer algo o se volvería loca de ver a Harry poner los labios sobre la chica que a ella le gustaba, ese consejo de Hermione sería el único que le quedaría de aquella charla, aunque con sus ligeras modificaciones.

Ginny se había dado cuenta, más por cansancio que por propia perspicacia, que cuando estaban Harry y Cho juntos, algo dentro suyo —algo nada placentero—se retorcía, queriendo rugir como un gran monstruo de los celos. Al principio, resignada, lo tomó como lo más natural: Harry le había gustado desde niña y era normal sentir eso al verlo con otra. Pero con el correr del tiempo fue notando cosas que no cuajaban con su primer y totalmente lógico razonamiento: si quien le gustaba era Harry, ¿por qué sus miradas de odio iban para él y no para Cho? Pero todavía más importante, ¿por qué no podía callar esa vocecita interna que le decía que dejara de mentirse? Cada día que pasaba repitiéndose “Estoy celosa de Cho” se sonaba más a sí misma como si estuviera tratando de tapar la verdad con la alfombra:

“Estoy celosa de Cho porque tiene a Harry”

“Estoy celosa de Cho porque es delgada y su cabello parece siempre peinado y suave”

“Estoy celosa de Cho porque tiene una cintura delicada y unas piernas largas de nunca acabar. Celosa porque es perfecta; sus rasgos orientales la hacen especial y diferente, sus labios son rosados y cuando sonríe se le ilumina el rostro como a nadie más.”

Cuanto más se intentaba convencer de que todas esas apreciaciones se debían a los celos y a sus grandes ansias de parecerse a Cho —para ganar la atención de Harry— más se iba hundiendo la propia Ginny. El observar a Cho solamente fue el catalizador para algo que siempre había hecho: mirar otras mujeres, fijarse en cómo es que el corte de las faldas se les adaptaba a la forma del cuerpo, preguntándose por qué no soplaba un poco más de viento en Escocia. Era algo prácticamente innato en la propia Ginny, estaba tan acostumbrada a los hombres; había crecido con seis de ellos, con seis hombres que se paseaban desnudos por la vida cuando hacía calor, haciendo bromas sobre tamaños, hablando de las mujeres y de sus misterios con la boca llena de puré de patatas en la mesa. Ginny creció deseando conocer esos misterios, ya que al ser la única mujer entre siete hermanos, nunca tuvo con quien realmente compartirlos.

La verdad, es que Ginny se sentía un poco mal por haberse enamorado de la misma persona que Harry, pero aún así no podía evitarlo; Cho era como la materialización de todos sus anhelos, podía imaginarla suave y dócil, pero con un carácter interno de temer, inteligente y hermosa, y con aquella forma de sonreír que hacía que el corazón de Ginny se detuviera y sus mejillas se calentaran al tiempo que el aire se viciaba por la sola presencia de la oriental. Y no era justo que Cho estuviera con Harry, así que, sin pensárselo mucho más, comenzó a tramar algo que le permitiera hacerse con lo que le interesaba.

—Harry ¿podemos hablar?—preguntó, acercándose al chico de ojos verdes que en algún momento de su vida había sido la única figura en sus sueños.

Harry, que estaba sentado en su lugar en la mesa de Gryffindor en el Gran Comedor, miró a Ginny bastante sorprendido.

—Sí, claro —dijo y Ginny comenzó a salir del Comedor, dando por sentado que Harry la seguiría. Sin más opción y recibiendo un golpecito más un: “Se bueno con ella” de Hermione, Harry salió tras la pelirroja—. ¿Qué pasa, Ginn?

—Es que yo… bueno, nos hemos estado distanciando últimamente ¿no crees?—preguntó la pelirroja mirando a Harry con inocencia y preocupación. Harry se vio obligado a aceptar, para su fuero interno, que eso era cierto, le había llamado tanto la atención que Ginny le pidiera de hablar porque casi no lo hacían.

Inconscientemente, Harry llevó una mano a su cabello desacomodándolo todavía más, sin percatarse de cómo Ginny observaba particularmente ese movimiento.

—Ginn… ¿A qué viene esto?—preguntó Harry, poniéndose nervioso al imaginarse que recibiría una declaración y no sabía tratar con esas cosas—. Mira, estoy con Cho ahora y…

—Por eso mismo —lo cortó la chica, tratando de no sonar brusca pero sin poder evitarlo. Para su suerte: Harry malinterpretó, todo el mundo lo hacía, pero no era algo para lamentar sino para sacar provecho—. Pasas tanto tiempo con ella que nosotros no tenemos tiempo y…

Harry miraba hacia el piso, luciendo como si estuvieran por tirarle un balde de agua fría y Ginny sintió algo de lastima por él, era un buen amigo, pero no podía quererlo y encima debía hacerlo pasar por cosas así. Pero se armó de valor, Hermione le dijo que se pusiera metas y eso mismo había hecho: su meta era Cho Chang y nada la detendría.

—Y te extraño, Harry. —Vio a Potter tragar saliva y cómo buscar la forma de escapar.

—Ginny yo…

—No te estoy pidiendo que salgas conmigo. —Harry se quedó estático, esperando a que la hermana de su mejor amigo completara la frase. Y cuando Ginny lo hizo, Harry no pudo más que pensar que era una chica estupenda, por poner la amistad por sobre otras cosas de esa manera—. Sólo es… bueno, que te extraño. Pero como amigo ¿eh? Últimamente siento que me excluyes y no quiero que lo hagas, quiero ser parte de tu vida, Harry. Ser tu amiga y que puedas confiar en mí.

Ginny se veía ligeramente abochornada y lo estaba, no era fácil aquello que estaba pidiendo, especialmente cuando su siguiente paso sería traicionar esa confianza recién suplicada.

Harry le sonrió con cariño y Ginny estuvo a punto de replantearse las cosas, pero ya era tarde. Harry se acercó para abrazarla y ella se dejó abrazar, pegándose al cuerpo de su amor de la infancia, sabiendo en su interior, que estaba haciendo lo correcto. No sentía nada por Harry, solo los unía una estrecha amistad, pero no había ni pasión ni deseo allí, era casi como un hermano más para ella. Solo esperaba, que cuando todo terminara, Harry fuera capaz de perdonarla.

—No es que quiera excluirte de mi vida, es solo que…—Harry la abrazó con un poco más de necesidad, como si quiera tranquilizarla sin necesidad de palabras—. Eres parte de ella, pero más como…

—¿Cómo una hermana pequeña? —Ginny enredó sus dedos suavemente en el cabello de Harry y lo sintió asentir contra su hombro, sonrió para sus adentros—. Está bien para mí, sólo no me excluyas, Harry.

Hubo un segundo de silencio, pero finalmente Harry se separó diciendo un bastante forzado:

—No lo haré, Ginn. No lo haré. ¿Volvemos al comedor?

Ginny negó con la cabeza.

—Tengo unas cosas que hacer. Gracias por hablar conmigo.

—De nada, para eso están los amigos ¿no?—preguntó Harry y le dio un muy suave toquecito en el hombro.

Me trata como a Ron” pensó Ginny con algo de diversión, mientras tomaban caminos diferentes y ella se perdía por un pasillo rumbo a su propio cuarto. Cuando estuvo fuera del alcance de la mirada de Harry, bajó la vista hacia su mano y esbozó una sonrisa sincera. Misión cumplida: entre sus dedos había enredado un cabello negro, lo único que le faltaba para completar la poción multijugos.


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