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Anime/Manga » Gundam 00 » Mi cómplice font: B s : A A A . width: full 3/4 1/2
Author: Alega Dathe
Fiction Rated: T - Spanish - General - Alejandro & Ribbons - Published: 08-20-08 - Updated: 08-20-08 - Complete - id:4486738

Diclaimer: Gundam 00 no es de mi propiedad.
Advertencias: Yaoi, spoilers del final.
Beta: Kmiya
Notas:
Ahora vengo con una pareja casi canon (vamos, el tipo llamaba "mi ángel" al otro. Si eso no es gay...) Espero les guste :)


Desde su nacimiento, Alejandro lo había tenido todo en bandeja de plata. Provenía de una de las familias más ricas del mundo entero, con las mayores influencias y numerosos contactos. Alejandro no pasó trabajo ni hambre, se crió lejos de los sufrimientos de los menos afortunados, de las desgracias del mundo hasta que por fin estuviera preparado para conocerlas y sacar provecho de ellas. Así eran los Corner; humanitarios, pacifistas y forrados de dinero.

Recibió su educación desde muy temprana edad con profesores particulares, luego, al ser adolescente, lo mandaron a una prestigiosa academia para chicos. Y siendo todavía joven, ya sabía sobre su futuro. Lo que cumpliría para honor de su familia, como habían hecho sus ancestros antes que él. Había sido preparado incluso antes de nacer y sólo tenía que esperar el momento de la aparición del Ser Celestial. Alejandro cumpliría con sus metas y las de su familia gracias a ellos; utilizándonos hasta el final.

Todo lo que pidió en la vida le fue dado, y lo que no, trabajó duro para hacerse con ello. Astuto, inteligente y sin límites, podría dominar al mundo si así se lo propusiera. Nadie tendría el valor (o la intención) de negársele, ¿cómo, si también apresaba la voluntad de sus presas? Socios, amistades, contactos y mujeres caían ante sus pies.

Así había sido hasta que Livonze comenzó a trabajar para él. Sabía la verdad sobre su existencia y también que sería su carta de triunfo cuando rodara su plan. Lo recibió con los brazos abiertos y, por primera vez, su atención por él fue genuina. Lo vio como a un cómplice, en vez de un subordinado. Le contó sus secretos, porque esa sonrisa siempre a medio salir en ese cuerpo andrógino le daba seguridad.

Livonze despertaba en Alejandro sensaciones prohibidas entre dos hombres que sólo debían tener una relación profesional. Se encontraba deseándolo, y no podía ocultarlo. Todo lo contrario; se lo decía con la mirada, con sus labios y esos toques intencionados. Pero Livonze no caía en cuenta; en realidad se hacía el desentendido, el muy jodido. A Alejandro no le gustó, porque todo lo que deseaba lo conseguía, y por eso no se rendiría hasta tenerlo debajo de él, sobre sus sábanas.

―Es bastante insistente, señor ―le concedió Livonze, sin inmutarse.

―Por eso es que he llegado tan lejos.

―Ya veo, le admiro su tenacidad. Pero, creo que ambos sabemos qué es lo que nos separa.

―Tu falta de humanidad no me interesa, y lo sabes bien. ¿Humano o no? Carece de importancia.

―No me refiero a eso ―Alejandro lo observó, desconcertado―. Usted aquí dicta las órdenes y mis funciones se limitan a obedecerlo. Para eso fui programado.

Alejandro lo entendió enseguida, pensando si alguna vez fue tan fácil tener a alguien. Sonriendo descaradamente, colocó una mano alrededor de la cintura de Livonze y le ordenó acompañarle a su habitación.

―Harás todo lo que diga, sin cuestionarme.

―Sí, señor.

Al tener el cuerpo desnudo de Livonze en su cama, jamás pensó que el dominio sobre una persona sería absoluto.


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