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Diclaimer: Avatar no es de mi propiedad.
Pareja: Aang/Katara
Advertencia: Spoilers del final.
Tipo: Drabble.
Estaban en el Reino Tierra y prácticamente solos. Toph había salido para disfrutar al aire libre y entrenar un poco, tal y como se sabía por el ruido que hacían a lo lejos las piedras al chocar una con otras. Aang agradeció haber rechazado su invitación a unírsele, no le atraía tener los músculos adoloridos al final del día. Sokka y Suki salieron de compras, más a petición del primero que quería comprarse un nuevo bolso para seguir su viaje. Irían a la Tribu Agua del Sur para mostrarle su hogar. Ambos estaban bastante entusiasmados. Aang se había ofrecido a llevarlos porque Katara iría también, además de que gracias a Appa llegarían en menos tiempo.
Ya sin una responsabilidad tan grande como salvar el mundo, podía dedicarse a vivir aventuras y visitar a sus amigos por todo el mundo. Planeaba disfrutar en grande, porque las naciones estaban en paz. Por supuesto, planeaba cuidar esa paz y mantener la armonía. Darle al siguiente avatar una época mejor que la que le tocó vivir a él. Se esforzaría.
Por supuesto, no todo fue terrible. Tuvo nuevas e increíbles vivencias e hizo maravillosos amigos, aparte de conocer a la chica de su vida. Curioso que hubiera tardado ciento doce años en poder toparse con ella, y más curioso era la pareja que formaban. No sabía cuál de los dos era el mayor, porque si bien él tenía la apariencia de un niño, la edad decía lo contrario, pero Katara tenía la madurez y –era bochornosamente evidente- seguía siendo más alta que él.
Pero la diferencia de altura no era problema en su relación. Appa y Momo se llevaban bien y uno era un gigante comparado con el otro. Tal vez no fuera el mejor ejemplo, pero era lo único que se le venía a la cabeza a Aang en aquellos momentos.
Se acercó a Katara y la saludó, ella le devolvió el saludo con un beso en la mejilla.
—¿Quieres dar un paseo? —le preguntó, esperando escuchar un sí y darle el mejor paseo de su vida. Por ahora.
—Pues claro, Aang —aceptó Katara—. Estaba un poco aburrida desde que los alborotadores oficiales no están aquí.
Aang se rió y le tendió la mano. Ella la aceptó pero lo que no esperó fue ser levantada por Aang y quedar entre sus brazos. Estaba sorprendida, pero el brillo en los ojos azules le decía a Aang que podía continuar.
—¿Qué planeas? —preguntó, casi sin voz.
—Pues el mejor paseo de tu vida —le aseguró Aang. Levantó el rostro hacia el cielo, hacia las blancas nubes y el bello día—. ¡Desde lo alto, como no puede ser de otra manera!
Y el maestro aire dio un gran salto, dominando los vientos en su travesía.
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